El Gran Cañón del Colorado es una de las atracciones naturales más impresionantes de los Estados Unidos. Acceder allí desde Las Vegas implica un viaje de casi cinco horas en coche atravesando el desierto de Arizona tras las huellas de la mítica ruta 66.

Aunque sobre un mapa pueda parecer chupado, llegar desde la Strip de Las Vegas hasta la vertiente sur del Gran Cañón del Colorado implica recorrer alrededor de 450 kilómetros. Si uno tiene dinero (y le apetece gastárselo) puede optar por apuntarse a cualquiera de las visitas en avión o helicóptero que se organizan desde la ciudad de los Casinos: Son cómodas, estimulantes y bastante caras. Si se quiere gastar un poco menos se puede hacer en autobús, aunque atravesar un desierto de 500 kilómetros en autobús debe ser cualquier cosa menos cómodo y estimulante. La tercera opción fue por la que optamos nosotros. Llegar hasta el Gran Cañón en un coche de alquiler.

Vista del Gran Cañón del Colorado desde el South Rim.

Vista del Gran Cañón del Colorado desde el South Rim.

El Gran Cañón del Colorado desde las Vegas

Lo primero que deberíamos tener en cuenta si queremos visitar el Gran Cañón desde Las Vegas es que se trata de un Parque Nacional con 440 kilómetros de longitud. De este modo existen tres grandes puntos de acceso con sus respectivos centros de visitantes:

  • West Rim, es el más cercano a Las Vegas (180 km) y en él se encuentra el famoso mirador de cristal ‘Skywalker’.
  • North Rim, es el más alejado y también el que cuenta con las vistas menos espectaculares. Al estar situado más al norte su clima es más frío y permanece cerrado durante varios meses al año.
  • South Rim, está situado a unos 450 km de Las Vegas y es el más popular de los tramos del Gran Cañón Y el que recibe mayor número de visitantes.

Nosotros optamos por visitar el South Rim. Como teníamos poco tiempo nuestra intención era salir de Las Vegas de madrugada para llegar a mediodía al Gran Cañón. Después queríamos hacer noche a mitad del camino de vuelta para llegar de nuevo a Las Vegas al día siguiente a comer. Sin embargo fuimos cambiando el plan sobre la marcha y la cosa no salió nada mal.

Vista del Gran Cañón del Colorado desde el South Rim.

Vista del Gran Cañón del Colorado desde el South Rim.

Atravesando el desierto de Arizona

A las seis de la mañana partimos en coche desde Las Vegas. El primer tramo del viaje es bastante entretenido ya que tiene más curvas que el resto y de camino se atisba la grandiosidad de la imponente presa Hoover, que marca la división entre los estados de Nevada y Arizona. El paisaje va cambiando hasta que, en un momento dado, te das cuenta de que estás metido de lleno en el desierto de Arizona.

A partir de este momento se suceden kilómetros y kilómetros de paisaje lunar en una recta interminable. Hay que intentar ver el lado romántico del asunto y disfrutar de este inusual ambiente del ‘salvaje oeste’.
Tras unas dos horas sin más atisbo de civilización que algunas casuchas desperdigadas y los postes de teléfono junto a la carretera, llegamos a Kingman, la primera ciudad que se atraviesa en el camino hacía el cañón. Aquí aprovechamos para almorzar a lo bestia en el típico bar de carretera donde no faltaban las camareras sirviendo café en enormes jarras de cristal.

De Las Vegas al Gran Cañón por la ruta 66.

De Las Vegas al Gran Cañón por la ruta 66.

El Gran Cañón por la Ruta 66

En Kingman tienes a opción de seguir el camino más corto, en dirección a Flagstaff por la ruta 40 o tomar un ‘pequeño rodeo’ y utilizar un trecho de la mítica Ruta 66. Depende del tiempo que puedas permitirte en viajar, y lo mitómano que seas, es decisión tuya elegir un camino u otro. Ambas rutas se vuelven a juntar en la ciudad de Williams y aquí es donde verdaderamente empieza el tramo final del viaje. Conforme nos acercamos al Gran Cañón vemos como va cambiando el paisaje y el color verde vuelve a cobrar protagonismo. La carretera desemboca directamente en la entrada al Parque Nacional, donde te cobran una entrada de 25 dólares por coche. Una vez realizado el trámite, ya solo queda continuar unos cuantos kilómetros más siguiendo las indicaciones para llegar al parking del centro de visitantes.

Bright Angel Trail en el Cañón del Colorado.

Bright Angel Trail en el Cañón del Colorado.

Visita al Gran Cañón

Una vez en el centro de visitantes las opciones son tan variadas como gustos. Nosotros decidimos comenzar intentando descender un pequeño tramo del cañón por una de las muchas sendas que parten desde allí. Elegimos el ‘Bright Angel Trail‘, una ruta de 11km que desciende hasta el mismo lecho del río superando un desnivel de 1.300 metros. Evidentemente no la hicimos entera. Descendimos durante una hora y luego regresamos, ya que hay que estar preparado si se quiere bajar hasta el río, cosa que carteles puestos por todas partes te recuerdan constantemente. Bajar y subir en el mismo día por esta senda puede llevarte aproximadamente unas 8 horas, y si a esto se le une las temperaturas de hasta 40 grados que pueden alcanzarse en verano hacen que sea necesario extremar la precaución.

Atardecer desde el South Rim del Gran Cañón del Colorado.

Atardecer desde el South Rim del Gran Cañón del Colorado.

La tarde la empleamos en hacer la ruta de los miradores, conocida como ‘Hermit Road Route’. Se trata de un camino de 11 kilómetros jalonado por diferentes miradores donde dicen que se ven las mejores puestas de sol. El acceso a los coches está prohibido pero hay un servicio de autobuses gratuito que pasa cada 15 minutos parando en cada uno de ellos.

Gran Cañón del Colorado desde la vertiente sur.

Atardecer en el Gran Cañón.

La experiencia de ver atardecer frente a un espacio tan majestuoso como ese es algo que no sabría muy bien cómo describir. Brutal sería una palabra que se queda corta. Pero sin duda es la guinda del pastel que hace que un viaje tan largo por carretera valga la pena.

Dormir en el Cañón del Colorado

Maswik Lodge, en el Gran Cañón del Colorado.

Maswik Lodge, en el Gran Cañón del Colorado.

Es posible dormir en el interior del propio parque aunque es difícil encontrar sitio. Hay instalaciones para hacer camping, y varios complejos de pequeñas cabañas que suelen llenarse enseguida. Lo más usual es alojarse en Tusayan, el pueblo más próximo. Nuestro plan original, sin embargo, era iniciar el camino de vuelta a Las Vegas una vez se hubiera puesto el sol e intentar dormir en algún motel del camino en Flagstaff, Williams o Kingman. Sin embargo, tras una encendida discusión probamos a preguntar si tenían sitio libre en alguna de las cabañas de visitantes que hay en el mismo parque. Encontrar sitio en agosto sin haber reservado con meses de antelación suele ser misión imposible. Sin embargo por carambolas del destino estábamos en el sitio adecuado en el momento justo y tras preguntar nos dieron sitio en la única cabaña que les quedaba libre tras anular una reserva en el Maswik Lodge. Aunque al principio tenía mis dudas, he de reconocer que pasar la noche en aquella cabaña a doscientos metros de aquel lugar tan increíble fue algo de lo que me acordaré toda la vida.

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