París es la quinta ciudad más visitada de todo el mundo. Pretender recorrerla entera en dos días es una misión imposible. Sin embargo es tiempo suficiente para hacerse una idea de qué hace tan especial a la capital francesa.

Quedarse solo con diez lugares que visitar en una ciudad como París es no hacer justicia a su grandeza. Como ya comentamos en un post anterior, nosotros estuvimos en París en Invierno y con un bebé. Viajar con niños te limita bastante a la hora de hacer determinadas cosas, como por ejemplo entrar a museos o hacer largas colas. Pese a todo en un par de días pudimos hacer una visita muy completa en la que hicimos casi de todo.

Subir a la Torre Eiffel

No se puede hablar de París sin mencionar esta Torre de 300 metros de alto que, pese a ser muy criticada durante su construcción en el año 1889 rápidamente se convirtió en el símbolo indiscutible de la ciudad.
Está situada en la zona conocida como Campo de Marte y se puede subir a pie o en ascensor (los precios varían entre los 11 hasta los 20 euros en función de cómo y hasta donde subamos), aunque verla desde cualquier punto de la ciudad es una sorpresa en sí misma.

La Torre Eiffel de París.

La Torre Eiffel de París.

Visitar el Museo de Orsay

Es una antigua estación de tren convertida en museo. Aunque solo sea por visitar el interior del propio edificio ya merece la pena. La vista de París desde el ventanal que forma su gran reloj es una pasada. Este museo alberga algunas de las grandes obras maestras de los pintores impresionistas (Van gog, Gauguin, Cezanne, Monet, Manet, Corot, Sorolla…) así como esculturas de autores como Rodín o Picasso. La cola (y el precio) es mucho más asequible que la que puedes encontrarte en el Louvre y además se ve en mucho menos tiempo. Si vas con poco tiempo es mejor empezar por las plantas más altas, donde están las obras más famosas, para ir bajando poco a poco.

Entrar en Notre Dame

Es la gran catedral Gótica por antonomasia. Está en el centro de la pequeña Isla que forma el Sena y que dio origen a la ciudad primitiva. Sobre ella giran multitud de leyendas así como es escenario de la célebre novela de Victor Hugo “El Jorobado de Nuestra Señora de París”. Entrar es gratuito, aunque es igual de imponente vista por dentro que por fuera.

Admirar las vidrieras de La Saint Chapelle

Cerca de Notre Dame se encuentra esta capilla gótica, que ahora forma parte del palacio de Justicia, y que conserva 1.113 vidrieras que crean un ambiente espectacular y sobrecogedor. Aunque cuesta alrededor de ocho euros la entrada y la visita es bastante breve, a poquito que disfrutes con el arte o simplemente con las cosas bonitas merece mucho la pena visitarla.

Vidrieras de la Saint Chapelle de París.

Vidrieras de la Saint Chapelle de París.

Ver la Sorbona, el Panteón y su péndulo

Enclavado en el centro del distrito universitario de la Sorbona, se encuentra el Panteón, un fastuoso monumento que alberga en su interior las tumbas de celebres personajes ilustres de Francia (Alejandro Dumas, Victor Hugo, Marie Curie…) así como el famoso péndulo de Foulcault, que se utilizó para demostrar el movimiento rotatorio de la tierra. Cuesta unos ocho euros la entrada.

Vista panorámica del Panteón de París

Vista panorámica del Panteón de París

Comer una fondue en el Barrio Latino

Entre Notre Dame y la Sorbona tenemos el barrio latino. Una zona de callejuelas frecuentada por estudiantes donde es muy típico y recomendable disfrutar de una Fondue en cualquiera de los muchísimos restaurantes que existen.

Tomar un crepe en Montparnasse

Tiene fama de ser uno de los barrios más bohemios y artísticos de París, compitiendo con Montmartre. Allí se encuentra el famoso cementerio con los restos de poetas e intelectuales como Baudelaire, Sartre o Cortázar (Jim Morrison está enterrado en otro cementerio, el de Pere Lachaisse, al este de la ciudad). Dicen los parisinos que en Montmartre están los mejores sitios para tomar un buen crepe. La Creperia Josselin es la más famosa del barrio, pero cualquiera de ellas es una estupenda opción. Nosotros fuimos a la Creperie Bretonne, un sitio pequeñito con unos crepes que hacían llorar.

Hacer cola en el Louvre

Posiblemente uno de los museos más famosos del mundo, hogar de la célebre Mona Lisa de Leonardo Da Vinci. La cantidad de obras de arte y su extensión es tan descomunal, que es imposible verlo entero en un día deteniéndose en cada una de las obras así que lo mejor, si disponemos de poco tiempo, es seleccionar aquello que más nos interesa e ir directos. Uno no sabe lo que es una cola hasta que se enfrenta a las taquillas del Museo del Louvre en un día festivo. Pueden llegar a formarse colas de varias horas a la intemperie, así que mucho ánimo. Nosotros desistimos (en el vídeo podéis ver la cola a la que nos enfrentábamos).

Una tabla de patés y quesos en Montmartre

Una visita al barrio bohemio por excelencia puede comenzar a las puertas del célebre Moulin Rouge, de allí subiendo por la rue Lepic nos encontramos con el Café des Deux Moulins, donde se rodó la película Amelie. Siguiendo a pie la subida por la misma calle encontramos a la altura del número 54 la casa donde vivió Van Gogh y pintó alguna de sus obras. Más arriba llegamos al Moulin de la Gallete, el único de los antiguos molinos del barrio de Montmartre que aún se conserva. Tras atravesar las últimas pintorescas callejuelas llegamos a la cima, donde nos espera el impresionante templo del Sacre Coeur y unas de las mejores vistas de París. Cerca de allí la coqueta place du Tertre, donde abundan los pintores y dibujantes. Para acabar la visita nada mejor que cenar a base de quesos y patés con una copita de vino en cualquiera de los numerosos bares y cafés.

Visitar la rotonda más grande del mundo

El mismo Napoleón fue quien inició la construcción del Arco de Triunfo (se puede subir por unos diez euros), que se encuentra en el centro de una descomunal rotonda donde confluyen 12 avenidas. De todas ellas la más famosa es la de los Campos Eliseos que desemboca en la Place de la Concorde, donde su enorme obelisco da la bienvenida a los visitantes. Desde aquí parte la lujosa calle Royal que llega hasta la iglesia de la Madeleine, que emula un gran templo griego, y muy cerca de allí también está el Palacio Garnier, sede de la Ópera de París.

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