Aunque no puede luchar en fama con otras ciudades italianas de la talla de Roma o Florencia, Milán, capital económica y segunda ciudad más grande de Italia, tiene un encanto especial que la hace perfecta para visitar en un fin de semana largo.

Cuando estudiaba periodismo tuve la oportunidad de vivir en la ciudad de Milán durante un año. Esta ciudad, que en un principio nunca me había atraído como destino turístico, consiguió conquistarme en muy poco tiempo. Si se sabe dónde ir, y qué hacer es un lugar que ofrece un montón de posibilidades para el visitante.

Hace poco mis suegros decidieron hacer un viaje de 3 días a Milán y me pidieron que les aconsejara qué podían ver en ese tiempo en la ciudad de Milán. Y esa fue la excusa perfecta para escribir esta mini guía con las visitas imprescindibles para ver y descubrir Milán.

Vista panorámica de la Piazza del Duomo de Milán.

Vista panorámica de la Piazza del Duomo de Milán.

¿Dónde está Milán?

Milán está situada al norte de Italia y es la capital de la región de la Lombardía. Esta región es fronteriza con suiza, y su ubicación, tan al norte hacen que sea quizá la ciudad ‘menos italiana’ de Italia. Sin embargo está situación la convierte en un enclave neurálgico que hace que esté extremadamente bien comunicada con toda Europa. Por esta razón, Milán ha sido testigo a lo largo de la historia del paso de multitud de civilizaciones por sus tierras. Se fundó por los celtas en la llanura padana, entre los ríos Adda y Tesino. Y los romanos la llamaron Mediolanum (la tierra entre medias).

¿Cómo llegar a Milán desde el aeropuerto?

Milán es posiblemente una de las ciudades mejor comunicadas de toda Italia. Cuenta con 3 aeropuertos: Linate, el más cómodo situado en la misma ciudad. Malpensa, el más grande y moderno situado a media hora más o menos de la ciudad y al que se puede llegar en coche, tren (malpensa express), y autobús. Y por último Orio Al Serio, en Bérgamo, un aeropuerto más pequeño al que vuelan la mayoría de aerolíneas de bajo coste situado a una hora de Milán.

Ya que el aeropuerto de Linate está prácticamente dentro de la ciudad, se puede llegar a Milán desde el aeropuerto cómodamente en transporte público, bus, taxi…Sin embargo para llegar al centro de Milán desde los aeropuertos de Malpensa y Bérgamo hay varias opciones:

Malpensa:
Autobús. Hay un servicio de autobús entre el aeropuerto de Malpensa y la Estación Central de Milán con salidas cada 20 minutos. El trayecto tiene una duración de aproximadamente 50 minutos y el billete de ida y vuelta cuesta unos 12 euros.

Tren. El tren Malpensa express conecta la terminal 1 del aeropuerto de Malpensa con las estaciones de Milano Cadorna y la Estación central de Milán. El trayecto dura poco más de media hora. El precio del billete ida y vuelta es de unos 24 euros.

Bérgamo:
Autobús. Hay tres compañías de autobuses que conectan el aeropuerto de Bérgamo (Orio al Serio) con la Estación de Trenes Central de Milán: Autostradale, Orio Shuttle y Terravision. El trayecto es de una hora y el precio del billete de ida y vuelta ronda los 9 euros y con salidas cada media hora.

Tren: Se puede llegar en tren desde la estación Central de Milán hasta la estación de ferrocarril de Bérgamo y desde allí coger el autobús lanzadera que en diez minutos te deja en la terminal del aeropuerto. El recorrido en tren viene a ser unos 50 minutos .El billete de tren cuesta unos 5 euros y el bus lanzadera unos 2’5 euros.

El tiempo en Milán

El clima de Milán es muy similar al que podríamos encontrar en ciudades del interior de Europa como París o Viena. En invierno suele hacer bastante frío y pueden pasar muchas semanas lloviznando y con el cielo cubierto. En la época en la que yo vivía allí llegamos a contar 44 días seguidos lloviendo y sin ver el sol. También (un par de veces al año) puede llegar a nevar.
En verano, por el contrario, el calor es sofocante, parecido al que suele hacer en grandes ciudades como Madrid.

Suelen llevar unos horarios bastante europeos. Se come alrededor de las 12:30 se cena sobre las 19:00 y a eso de las diez ya no suele quedar ni un alma por la calle (exceptuando las zonas de ocio nocturno).

El cielo de Milán visto desde la terraza del Duomo.

El cielo de Milán visto desde la terraza del Duomo.

Moverse por Milán

Milán es una ciudad que ha ido creciendo de manera concéntrica tomando como centro la Piazza del Duomo, donde está su famosa catedral. Flanqueándola se extienden los diferentes barrios que recorreremos. Es buena idea tomar la Piazza del Duomo como punto de partida de las diferentes visitas que vayamos a realizar en cada jornada y como punto de orientación. En esta plaza confluyen la mayoría de líneas de metro y tranvía y desde allí se puede llegar a casi cualquier sitio en un tranquilo paseo a pie.

El metro de Milán es la red que articula prácticamente toda la vida de la ciudad. Pese a que no es ninguna maravilla en cuanto a limpieza y comodidad, es bastante eficiente y permite ir a prácticamente cualquier lado de manera rápida, cómoda y barata. A donde no llega el metro llegan los autobuses, trolebuses y tranvías. Muchos de ellos todavía mantienen los antiguos vagones naranjas y amarillos de principios de siglo, y es una bonita experiencia cogerlos de vez en cuando.

Todo el transporte público de Milán (ATM) funciona con el mismo billete, que se compra antes de subir, en estaciones de metro, quioscos, bares o estancos. El billete cuesta 1´50 euros y se debe validar en una maquinita que imprime sobre el billete la hora en que hemos subido y nos permite hacer transbordos entre diferentes medios de transporte durante 90 minutos. Es decir con un mismo billete puedes coger el metro y después el tranvía, o varios tranvías seguidos, etc… durante la hora y media siguiente. También hay billetes para todo un día por 4’50 euros o para dos días por 8’25 euros. En los vagones no hay tornos, así que aquí cuentan con la buena fe del viajero. (Y con los revisores que te meten un buen multazo si te pillan sin billete).

Qué ver en Milán

El Duomo (catedral de Milán)
La catedral de Milán es una de las más grandes e impresionantes del mundo y se ha convertido ya en el símbolo de la ciudad. Con 11.000 metros cuadrados solamente le superan la Catedral de Sevilla (la más grande del mundo) y la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

La Piazza del Duomo de Milán.

La Piazza del Duomo de Milán.

Es de estilo gótico y llama la atención el hecho de que en ella no se construyera campanario. Aunque solo sea por admirar sus impresionantes vistas merece la pena realizar la subida a su terraza donde se contempla una de las mejores panorámicas de Milán. Se puede hacer por una escalera (7 euros) o por un ascensor (12 euros)…ahí cada uno es libre con su forma física o lo que quiera pagar. Hasta 1954, en que se construyo la Torre Breda, el primer rascacielos de Milán, estaba prohibido que ningún edificio superara en altura a la imagen dorada de la virgen (madonina) que remata el Duomo de Milán.

Galleria Vittorio Emanuele II
Justo a la izquierda de la Piazza del Duomo, si miramos hacia la catedral encontramos la entrada a la Galeria Vittorio Emanuele II. Es un impresionante pasaje cubierto con una estructura de acero y vidrio construida a finales del siglo XIX. Conecta la Piazza del Duomo con la Piazza della Scala. En su interior hay elegantes cafés y restaurantes, boutiques de las mejores firmas, y como no…un MacDonalds. Esta edificación fue la primera que acuñó el término ‘Galería’ para referirse a los centros comerciales. Dice la tradición que los visitantes deben girar sobre el talón apoyado en los testículos del toro que decora el mosaico central si quieren tener suerte y volver pronto a la ciudad.

El Teatro de Alla Scala
Atravesando la Galleria Vittorio Emanuelle II nos damos de bruces con el Teatro Alla Scala, posiblemente el teatro de opera más famoso del mundo. Se llama así porque se construyó sobre el espacio que ocupaba la antigua iglesia de Santa Maria Alla Scalla. Aunque su exterior no es especialmente impactante, en el interior cuenta con un pequeño museo sobre la historia del teatro y se pueden visitar los palcos e instalaciones. Cuesta alrededor de 6 euros.

Cuadrilátero de la moda
Mirando a la puerta del teatro, si caminamos cinco o diez minutos a mano derecha llegaremos al conocido como Cuadrilatero de la moda, o Milla de oro. Se trata del espacio comprendido entre la Via Montenapoleone y la via della Spigha. Aquí se encuentran las tiendas de los diseñadores más famosos de Milán y que han hecho de esta ciudad una de las capitales de la moda. Un sitio para ir, ver y no tocar nada.

Castello Sforzesco
Si nos situamos en la Piazza del Duomo, con la catedral a nuestra espalda, atravesaremos la preciosa Piazza dei Mercanti, un rincón de edificios medievales en el que vale la pena detenerse unos minutos, para seguir por la señorial Via Dante, repleta de restaurantes y terrazas, la Piazza de Cordusio y finalmente la Piazza Cairoli, donde ya nos topamos de frente con el Castillo de los Sforrza.

Se trata de una fortaleza que se construyó en 1368 y fue el palacio señorial de la familia Sforza. Visitar el castillo es gratis, aunque en sus estancias hay varios museos de diferentes temáticas que pueden visitarse por unos 3 euros (arte, historia, instrumentos musicales, momias…). Destaca entre las obras que alberga la Pietà Rondanini, la última escultura que hizo Miguel Ángel y dejó inacabada.

Cuenta la leyenda que fue aquí donde nació el popular Panettone, creado por “Antonio”, el cocinero de Ludovico Sforza, como postre para un banquete de nochebuena. Desde entonces fue conocido como “Pane di toni” y de ahí Panettone.

Parque Sempione
En la parte trasera del Castillo Sforcesco se ubica uno de los pulmones de la ciudad, el parque Sempione. Se trata de un precioso jardín de estilo inglés, en el que se puede pasear tranquilamente y que con frecuencia se utiliza para todo tipo de eventos. En uno de su centro se encuentra el Arco della Pace, originalmente construido para celebrar las victorias de Napoleón, pero que acabó siendo un tributo de la ciudad a la paz. En verano es el sitio preferido por los milaneses para pasar el día.

El Barrio de Brera y la pinacoteca.
Mirando a las puertas del Castillo Sforcesco, y andando unos minutos hacia la derecha entramos en el Barrio de Brera. Es un lugar especial para pasear y detenerse en cualquiera de sus cafés o tiendas de moda. Tiene un ambiente que recuerda mucho a los típicos barrios parisinos y en Milán se ha ganado fama de rincón de artistas y bohemios. En él además se encuentra la pinacoteca de Brera, uno de los mejores museos de pintura de toda Italia: Rafael, Tintoreto, Tiziano, Rubens, El Greco, Ribera, Caravaggio….

Magenta, La Última Cena y San Ambrosio
Si por el contrario nos situamos mirando de frente a la puerta del Castillo Sforcesco y caminamos hacia la izquierda, comienza un bonito barrio de aires modernistas, conocido como el barrio Magenta. Atravesando la Piazza Cadorna, donde se encuentra la estación de trenes norte, y su curioso monumento en forma de aguja de coser (representa al transporte público como unión de toda la ciudad de Milán, la ciudad de la moda), enfilamos por la Vía Carducci hasta llegar al cruce con el Corso Magenta. En este cruce se encuentra el entrañable Bar Magenta, un lugar muy frecuentado por los estudiantes donde se puede tomar un capuccino o un panino en un precioso local que parece sacado de otro siglo.

A dos minutos de allí, en la misma via Magenta se encuentra la Iglesia de Santa Maria delle Grazie. Parezca una iglesia común sin demasiado atractivo, si la comparamos con el Duomo, hay que destacar que parte de ella fue diseñada por Bramante y en su interior alberga uno de los mayores tesoros de la historia del arte mundial. El fresco de la Última Cena pintado por Leonardo Da Vinci. Aunque se puede visitar, es obligatorio reservar con antelación, y la anticipación suele ser de unos dos meses. puedes comprar los tickets AQUÍ

Si desde el Bar Magenta continuamos bajando por Via Carducci, una puerta medieval con dos torres (San Vittore) nos indica que hemos llegado hasta la Basílica de San Ambrosio. Es el mayor exponente del estilo Románico Lombardo y en su interior se exhiben las momias de San Ambrosio (patrón de Milán), San Protasio y San Gervasio. Alrededor de la Básilica hay algunos edificios y palacios interesantes, como el de la Universidad Católica para verlos paseando.

Vía Torino y Basílica de San Lorenzo
Si desde San Ambrosio subimos por la Via de Amicis durante cinco o diez minutos nos encontramos con una nueva puerta amurallada conocida como Porta Ticinese. Aquí se encuentra la Iglesia de San Lorenzo, la más antigua de la ciudad y se dice que fue construida utilizando los materiales de un antiguo anfiteatro romano. A sus puertas podemos ver los restos de una columnata romana. Esta es la plaza preferida por los jóvenes de Milán para sentarse a charlar por las tardes mientras beben una cerveza que compran en cualquiera de los puestecillos callejeros de la zona.

Si subimos por la vía Porta Ticinese desembocamos en la via Torino. Esta calle, que acaba nuevamente en la Piazza del Duomo, es una de las calles más animadas para pasear y zona de compras y tiendas (asequibles).

Los navigli. Los canales de Milán
Si en lugar de subir, bajamos desde la Porta Ticinese por la calle del mismo nombre podremos encontrar multitud de tiendas de marcas más alternativas y modernas destinadas sobre todo a un público más joven. La calle desemboca en la Piazza 24 de Maggio. En este lugar es donde se inician los Navigli. Se trata de los dos únicos canales que perduran de la extensa red fluvial que tuvo Milán. De hecho en el siglo XIX constituía uno de los puertos fluviales más importantes de Italia. Los canales se utilizaron, entre otras cosas, para transportar los bloques de mármol necesarios para construir el Duomo. En 1930 la mayoría de los canales se cegaron para construir sobre ellos calles y avenidas.

Hoy en día se trata de un lugar muy agradable y pintoresco para pasear a orillas del Naviglio grande, tomar algo en cualquiera de los muchos bares que hay a ambos lados o hacer el aperitivo. El aperitivo es una de las costumbres más típicas de Milán. En los bares cuando te pides una copa a última hora de la tarde, por el mismo precio (una consumición un poco más cara que aquí en España) tienes derecho a servirte lo que quieras de un pequeño buffet.

El Naviglio Grande de Milan.

El Naviglio Grande de Milan. Foto: Paolo Margari

El cementerio monumental
Aunque pueda parecer morboso, el Cementerio Monumental de Milán es un visita muy recomendable si se tiene un poco de tiempo para pasear tranquilamente. Al margen de los muchos personajes italianos ilustres que hay aquí enterrados, su gran atractivo son las imponentes esculturas que adornan los mausoleos. Además existe una pequeña exposición de coches fúnebres de época.

La estación de tren Central
Se trata de una de las estaciones de tren más grandes de toda Europa. Se empezó a construir a principios del siglo pasado en estilo modernista, pero con la llegada al poder de Mussolini se acabó convirtiendo en todo un reflejo de la grandiosidad de lo que pretendía ser su régimen fascista.

Rascacielos en Milán
En los últimos años Milán se ha convertido en una ciudad en la que también tienen un lugar importante los rascacielos. Durante muchos años el más alto y emblemático fue la Torre Pirelli junto a la estación Central de trenes, construida en sus inicios por la emblemática empresa de neumáticos, y ahora propiedad del estado. La Torre Unicredit, que es el edificio más alto de Italia, y el Diamantone, de reciente construcción le han superado en altura. Destaca también la curiosa forma de la Torre Velasca, construida en unos terrenos devastados durante la Segunda Guerra Mundial y que se asemeja a un torreón medieval.

Visita al Lago de Como desde Milán
El Lago de cómo es uno de los más profundos de Europa y uno de los más bellos de toda Italia. Para llegar hasta allí lo más cómodo es hacerlo en tren, desde la estación de Cadorna, junto al castillo Sforcesco. Hay que coger el tren dirección ‘Como Nord Lago’. El precio de cada trayecto es de 4’80 euros y salen trenes aproximadamente cada hora. La duración del viaje es de aproximadamente una hora. Al igual que pasa con los tranvías o autobuses, una vez se compra el billete hay que validarlo en las maquinitas que hay por la estación, para que se imprima en él la hora en que hemos cogido el tren, o nos podemos meter en un lío.

Vista panorámica del Lago de Como, en los alrededores de Milán.

Vista panorámica del Lago de Como, en los alrededores de Milán.

Una vez en Como podemos movernos a pie paseando por la ciudad hasta llegar a orillas del Lago. La ciudad está muy cuidada y parece sacada de un cuento. Hay muchas tiendecitas, cafes y restaurantes. Si queremos hacer excursiones por el lago hay un servicio regular de barcos que van parando en los diferentes pueblos. Varenna y Bellagio son los más conocidos por sus callejuelas, villas y palacetes. Lo mejor es informarse de los horarios y precios (varían según el trayecto) o bien en la oficina de turismo o en el propio embarcadero.

Otra excursión muy bonita, si no está nublado, es coger el funicular que nos lleva hasta el pueblecito de Brunate. Una vez allí se puede continuar a pie (una excursioncita de un par de kilómetros) o en bus (informaros antes de sus horarios) hasta el Faro Voltiano. Un faro que domina la montaña y con unas vistas espectaculares del lago, en honor a Alessandro Volta, el inventor de la pila eléctrica nacido en Como.

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