El casco antiguo de Villajoyosa, con sus casas de colores, es uno de los más singulares de la Costa Blanca.

Pese a ser un enclave turístico de primer orden y poseer algunas de las mejores playas y calas de la Marina Baixa, Villajoyosa (o la Vila Joiosa) es una ciudad que encierra gran cantidad de historias en su pintoresco casco antiguo que continúa siendo, a día de hoy,  un gran desconocido para el turismo.

Paseo Doctor Esquerdo Villajoyosa

Vista de las casas del Casco Antiguo de Villajoyosa desde el paseo Doctor Esquerdo

Después de diversos lavados de cara, acondicionamientos y mejoras en sus calles y plazas, pasear de noche por los estrechos callejones ha dejado de ser una temeridad para convertirse en una auténtica delicia y mostrándonos infinidad de nuevos rincones que ver en Villajoyosa.

Si tomamos como punto de inicio cualquiera de lo restaurantes situados en el paseo marítimo, junto a la estatua del Doctor Esquerdo (Hijo de la Vila, gran político y uno de los padres de la psiquiatría moderna) podemos iniciar nuestro recorrido admirando las pintorescas fachadas de llamativos colores que se han convertido en el icono de este pueblo marinero.

¿Por qué se pintaban de colores las casas de Villajoyosa?

Sobre el origen de esta tradición de las casas de colores de Villajoyosa hay diversas teorías, como la que dice que los marineros aprovechaban la pintura sobrante de pintar sus barcas para embellecer sus fachadas, con lo cual además conseguían identificar sus casa fácilmente desde la mar. Por su parte el reborde blanco en puertas y ventanas consistía en una cuestión más práctica que estética, ya que al ser estas las zonas que se tocaban y se podían manchar con más frecuencia, podían encalar o pintar únicamente esos bordes periódicamente sin la necesidad de tener que repintar la casa entera.

Cómo llegar al casco antiguo de Villajoyosa

Vistas del Río Amadorio Villajoyosa

Vistas del Río Amadorio desde la plaza del Castell de Villajoiosa

Desde allí accedemos callejeando a la zona conocida como ‘El portalet’, que da paso a la ‘Plaça del Castell’. El nombre se debe a que allí se encontraba una de las puertas que permitía el acceso a la ciudad amurallada desde el mar, y un poco más allá existía una pequeña fortaleza (el ‘castell’). Hoy ninguna de las dos construcciones existe, pero en su lugar hay una espléndida plaza desde la que podemos disfrutar de una de las mejores vistas de las casas colgadas, el río Amadorio y un buen tramo de muralla. La torre del antiguo castillo formó en su día parte del sistema defensivo de torres vigía en la costa, junto con la del Aguiló (cerca de la cala de Finestrat) y la torre del Xarco, ambas todavía en pie.

Subida a la iglesia de la Asunción

Las gárgolas de la Iglesia de la Asunción de Villajoyosa se asemejan a cañones apuntando hacia el mar.

Las gárgolas de la Iglesia de la Asunción de Villajoyosa se asemejan a cañones apuntando hacia el mar.

Continuamos subiendo mientras disfrutamos del silencio, de las calles empedradas y de todos los rincones y detalles que revelan el trazado medieval de la ciudad. Llegamos al ‘Carrer Major’, y tras sobrepasar el pintoresco edificio del ayuntamiento se aparece ante nosotros la Iglesia fortaleza de la Asunción.

No es difícil, contemplando su exterior, adivinar la función defensiva que en sus días desempeñaba esta iglesia de estilo barroco clásico. Construida sobre la misma muralla apenas tiene ventanas o vidrieras para mejorar la defensa y la resistencia de sus muros.

Y si prestamos un poquito de atención podremos comprobar como las gárgolas que coronan su parte superior no tienen formas de animales ni de seres mitológicos, sino cilíndricas, para que cualquier enemigo que viniera por el mar las confundiera con cañones apuntando hacia la costa.

 

Río Amadorio por la noche

Vistas del Río Amadorio desde la plaza del Castell de Villajoiosa

Salimos de nuestra visita al casco histórico de Villajoyosa bajando por el ‘Carrer de la mar’. Bordeando lo que queda de la muralla que ordenó construir Felipe II sobre los restos de la originaria muralla medieval.

Durante todo el paseo podemos imaginarnos peleas de piratas, combates navales e historias de corsarios y berberiscos. No en vano durante el siglo XVI muchos de sus habitantes vivían legalmente de la piratería gracias a las patentes de corso que otorgaba el Rey y les proporcionaba unos ingresos bastante más lucrativos que los de la pesca.
Aunque esa ya es otra historia que merece ser contada con detalle más adelante.

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