Cada vez es más frecuente encontrar sal gourmet de distintas procedencias.

Si te vendo los ojos y te doy a probar dos puñaditos de sal, lo más probable es que me des un puñetazo y luego llames a la policía. Si aún así superas la prueba y te pregunto, ¿sabrías distinguir cuál de las dos era Sal Rosa del Himalaya

Papas San Nicasio con sal Rosa del Himalaya.

Mi último contacto con esta sal de color rosita fue hace poco durante la visita al Restaurante Pequeña Luisa de Alicante. En este local por las noches ofrecen unos menús sencillos pero muy ricos de hamburguesas gourmet con ensalada. Como acompañamiento te sirven también una una bolsita de patatas fritas. Eso sí, no son unas papas cualesquiera, se trata de papas con sal rosa del himalaya.

La sal rosa del Himalaya

Sal rosa del Himalaya.Sin ser un catador de sales profesional, me da la impresión de que en este mundillo de los condimentos gourmet, como en tantas y tantas cosas, hay mucho de marketing detrás. Las papas, todo hay que decirlo, estaban tremendas, pero dudo que fuera por causa de la sal.

Como suele suceder cuando pruebo algo diferente me puse a indagar un poquito sobre esta misteriosa sal. Lo que diferencia a la sal del Himalaya de cualquier otro tipo de sal no es su sabor (sabe a sal), sino su color y sus supuestas propiedades beneficiosas (sobre las que también hay mucha controversia).

Para ser exactos tampoco la extraen en el mismo Himalaya, sino en la región de Kehwra en Pakistán en la segunda mina de sal más grande del mundo, a unos 300 kilómetros de la famosa cordillera. Sería algo así como si la Sal de Santa Pola la comercializaran bajo el nombre de ‘Sal de los Pirineos’.

A diferencia de la mayoría de sal común que consumimos aquí se extrae de minas, y no del mar. Su color rosado característico se lo dan las impurezas minerales y la gracia está en servirla en cristales grandes dentro de un molinillo para triturarla al instante como si fuera pimienta.

Las Sales Gourmet

Una escama de sal Maldon reposa sobre mi nariz.

Una escama de sal Maldon reposa sobre mi nariz.

Recuerdo que en la facultad, en clase de economía nos ponían la sal como ejemplo de producto con demanda inelástica y con escaso valor añadido. Venían a decirnos que “por mucho que subas o bajes el precio de la sal, la gente va a seguir comprando la misma cantidad, ya que la sal, es sal“.

Sin embargo hace tiempo que esto ha dejado de ser exactamente así, y el hecho de que podamos encontrar la sal rosa del Himalaya a diez euros el kilo, y se venda como un tiro lo demuestra.

A mi me gusta la sal. En casa tengo sal de cuatro tipos y no me importa pagar un poquito más por una sal que aporte algo diferente a la comida. Además de la sal común fina y gruesa, yo tengo en la cocina sal Maldón y Flor de Sal.

La sal Maldon es inglesa (aunque también venden sal en escamas española), sin refinar y forma unos característicos cristalitos que se deshacen en la boca y crujen cuando acompañan carnes y pescados.

La flor de sal es una sal ecológica y sin refinar. Se supone que es la primera capa que se recolecta en las salinas tradicionales y mantiene todas sus propiedades intactas. Su textura es diferente a la de la sal común, más húmeda, apelmazada, de cristales más anchos y sabor muy, muy intenso.

Sin embargo esta sal rosa del Himalaya, aunque aporta glamour a los platos respecto al sabor me cuesta apreciar algo distinto a la sal común. Me parece mucho más márketing que otra cosa. ¿Qué opináis vosotros?

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